Un error humano arruina 15 millones de vacunas de Johnson & Johnson

El gobierno de Joe Biden sigue llevando a cabo su campaña de vacunación en tiempo récord -en Virginia ya se ha alcanzado a los mayores de 16 años-, lo que le ha permitido desprenderse potencialmente de las dosis de la farmacéutica anglosueca AstraZeneca que pasará a sus vecinos de México y Canadá. Sin embargo, esos buenos augurios se vieron empañados el miércoles, al conocerse el fatal accidente de una fábrica de Baltimore donde se han perdido 15 millones de dosis.

El encargo frustrado a dicha planta era de la compañía Johnson & Johnson, la vacuna de un solo pinchazo que había subido las expectativas de éxito al no requerir una segunda visita y poder conservarse en un refrigerador durante meses. Con ella se puede llegar a zonas rurales donde los centros médicos escasean. El contrato de 100 millones de dosis que había firmado el Ejecutivo estadounidenses con este fabricante fue una de las razones que permitió a Biden doblar su promesa de 100 millones de dosis en los primeros 100 días de su Gobierno hasta 200 millones, con el compromiso de que a final de mayo todos los que lo deseen podrán vacunarse.

La crisis que ha desatado este error humano en un planta de Baltimore pone en duda la capacidad de Johnson & Johnson para cumplir con su compromiso, porque no solo se han visto afectadas los 15 millones de dosis arruinadas por un error humano sino que las autoridades han cerrado toda la fábrica hasta que investiguen lo sucedido. El error parece tan simple que preocupa: los empleados mezclaron un ingrediente equivocado.

«Los errores humanos ocurren», les disculpó el doctor Anthony Fauci, epidemiólogo jefe del país. Su antídoto para la preocupación que desata es precisamente que se ha detectado, «para eso hay controles de calidad». El hecho de que nada haya salido de esa planta es, para él, una garantía más de que el sistema funciona. Además, la Administración Federal de Medicamentos y Alimentos (FDA) todavía no le había dado la aprobación al planta. Las que se han administrado hasta ahora proceden de Holanda, donde se había centrado la producción.

Dudas sobre los próximos envíos
Johnson & Johnson culpa a la falta de experiencia en esta producción masiva de Emergent BioSolutions, una de las diez empresas con las que unió fuerzas en abril del año pasado para la carrera a contra reloj que iba a suponer el desarrollo de la vacuna para la covid-19. Paradójicamente esa misma planta de Emergent conocida como Bayview también trabaja en la producción de AstraZeneca, que aún no ha logrado la aprobación de la citada FDA. Hasta el año pasado se dedicaba a fabricar pruebas de laboratorio, por lo que ha tenido que actualizar su tecnología y contratar nuevo personal para poder cumplir con el cultivo biológico de células que requiere la vacuna durante dos meses.

La farmacéutica estadounidense alega que ha cumplido con su objetivo de producción para el mes de marzo, aunque no dice nada de su capacidad para entregar las 24 millones de dosis prometidas para abril. Solo que aún cuenta con distribuir 1.000 millones de dosis a nivel global para final de año. El tropiezo, sin embargo, le pone en desventaja con sus competidores, que avanzan imparables y están dispuestos a suplir su posible vacío.

Así, la también norteamericana Pfizer está cumpliendo con el calendario por adelantado y publicó el miércoles un amplio estudio realizado con 46.000 personas que respalda la eficacia de su vacuna en un 90% de los casos incluso contra las variantes más peligrosas como sudafricana. Hasta ahora el seguimiento de 12.000 voluntarios que llevan ya seis meses totalmente vacunados permite decir que ese es el mínimo de tiempo que cubre, el necesario para que la FDA emita licencia total que tenía pendiente. La compañía va ahora a por los adolescentes de entre 12 y 15 años, entre los que dice haber comprobado su efectividad sin efectos secundarios, y ha empezado a hacer pruebas incluso con bebés de entre seis y once meses.

CON INFORMACIÓN DE EL CORREO