Estados Unidos respira tras declarar culpable al policía que mató a Floyd

Estados Unidos. «¡No puedo respirar!», suplicaba una y otra vez George Floyd en el vídeo que de su muerte que dio la vuelta al mundo». A la defensa del policía que no levantó la rodilla de su cuello hasta tres minutos después de que tomase su último aliento le llevó tres horas exponer los motivos por los que Derek Chauvin no podía ser responsable de su muerte, pero a esas alturas lo único que importaba eran los 9 minutos y 29 segundos grabados en vídeo que se desgranaron lentamente a lo largo de tres semanas de juicio.

«Y lo que han descubierto ustedes en este tiempo es que la muerte de George Floyd fue exactamente lo que vieron: un homicidio», dijo el fiscal al jurado multirracial durante el cierre de argumentos. «Hacedle caso a vuestros propios ojos».

Los doce hombres y mujeres justos de Minneapolis que tenían al país en vilo debían tenerlo ya muy claro, porque tardaron menos de diez horas en ponerse de acuerdo sobre los tres cargos: homicidio en segundo grado, homicidio en tercer grado y homicidio involuntario. Incluso la difícil pregunta de si fue intencional queda resuelta con su veredicto. Dos jornadas de deliberación de cuatro horas y media cada una para decidir lo que millones de personas que aguardaban en las calles tenían ya muy claro: que lo que mató a Floyd el pasado 25 de mayo no fue una actuación policial, sino un abuso de poder, con total indiferencia hacia la vida humana.

Para eso tuvieron que convencerse de que Floyd no murió por hipertensión, ni por los problemas de corazón que sufría, ni por las drogas ingeridas, ni mucho menos por el anhídrido carbónico que pudo inhalar atrapado junto a la rueda de un coche. Hubo alivio en las calles, pero no por eso se desinfló la presión. Todos sabían que lo que se dirimía dentro de aquel tribunal, rodeado de vallas tan altas como las que protegieron a la Casa Blanca durante los disturbios, no era solo la suerte de un policía, sino el alma del país.

Celebraciones
«No, no estoy contento», se resistía a celebrar Gary Johnson, que esperaba en una calle de Nueva York con su pancarta. «¿Es que un negro tiene que morir horriblemente en directo para que condenen a un policía?».

Era la familia de Floyd la que más celebraba. «Sé que somos una de las pocas afortunadas», admitió su hermano Rodney Floyd. En las calles, en vez de violencia hubo lágrimas y abrazos de cuantos se habían acostumbrado a esperar lo peor. Hasta el presidente Joe Biden se había preparado para calmar al país una vez que se conociera el veredicto, pese a que es costumbre de los presidentes de su clase no opinar sobre sentencias judiciales para preservar la independencia de poderes.

CON INFORMACIÓN DE EL CORREO