El presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a los funcionarios “lealtad ciega” al proyecto de transformación del país y al pueblo de México, no a su persona, porque eso sería servilismo.

Señaló que en eso coincide con el todavía director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, Jaime Cárdenas Gracia, quien en entrevista con el periodista Ricardo Rocha dijo que una de las razones para presentar su renuncia al instituto es que al Presidente no le gustaba su carácter formalista y porque el Ejecutivo pide una lealtad a ciegas.

“Sí escuchamos, pero tiene razón: pedimos lealtad a ciegas al proyecto de transformación, porque la gente nos eligió para eso, para acabar con la corrupción, con las injusticias. Es lealtad al pueblo, no a mi persona. La lealtad a las personas se convierte en servilismo”.

En su conferencia de prensa, el Presidente dijo que las denuncias de irregularidades en el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado que hizo Cárdenas Gracia serán investigadas, pero las calificó como un asunto “politiquero”.

“Si hay denuncias, se van a investigar, como tiene que ser, pero esto es más que nada un asunto politiquero, no hay nada de qué preocuparnos, vamos a informar diariamente, porque si no hubiera ‘mañaneras’, estaríamos atados de pies y manos”.

Reconoció que “hay una maraña de normas” que impiden avanzar para hacer justicia. “¿Qué mal se comete cuando se rifa un avión de lujo que es, a todas luces, un insulto al pueblo de México, para que lo que se obtenga por esa rifa se dedique a equipos médicos para hospitales, donde se atiende a la gente humilde? El fin es sublime, eso es justicia”.

Señaló que para determinar esa decisión tuvo que enfrentar toda la normatividad creada en el antiguo régimen, con la que se simulaba que se combatía a la corrupción y que todo se hacía de conformidad con la ley, porque no se puede realizar nada: “Es como decía el finado Héctor Suárez: ‘No hay, no hay’”.

Y aunque el Presidente pidió a sus funcionarios una “lealtad a ciegas” al proyecto de transformación, en la práctica pareciera lo contrario.

Por lo menos así lo expresan las renuncias de tres secretarios de Estado: Carlos Urzúa, de Hacienda; Javier Jiménez Espriú, en la SCT, y Víctor Manuel Toledo, de Medio Ambiente.

Así también lo ejemplifican las dimisiones de la exsubsecretaria de Salud, Asa Cristina Laurell, y de Tonatiuh Guillén, en el Instituto Nacional de Migración.

En la salida de esos servidores públicos del gabinete hay un común denominador: no fueron escuchados por el Titular del Ejecutivo y ninguno tiene una “fe ciega” en el Presidente.

En una carta de dimisión Urzúa Macías expresó sus razones para ya no seguir en la Cuarta Transformación: “Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que esta pueda tener y libre de todo extremismo, sea este de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco”.

El exsecretario de Comunicaciones y Transportes Javier Jiménez Espriú coincidió con Urzúa, en que tampoco fue escuchado. En su misiva de renuncia lamentó “profundamente no haber tenido éxito en transmitirle mi convicción y mi preocupación sobre la grave trascendencia que, considero, tiene medida para el presente y el futuro de México, tanto en lo económico como en lo político”.

En el caso de Víctor Manuel Toledo, poco antes de su salida del gabinete se conoció un audio en el cual arremetió en contra del gobierno de la Cuarta Transformación, el cual, dijo, está lleno de contradicciones y en el que existe una lucha de poder al interior del gabinete, además de que no va a acorde con los ejes trazados por la Semarnat.

A todo esto el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado que algunos de los funcionarios que han dejado su gabinete lo han hecho porque son más partidarios del modelo neoliberal o son académicos que no están hechos para la administración pública, la cual, asegura, requiere arrestos y sacrificio como un apostolado.

Con la próxima salida de Jaime Cárdenas, el Presidente fue más crítico, al señalar que ésta fue ocasionada por miedo y falta de ganas para combatir la corrupción en el Indep.

“Era lo que tenía que hacer Jaime, pero no le entró. Ayer hablábamos que para ser servidor en un proceso de transformación se necesitan ganas, convicciones y arrojo, y no rendirnos. Ya dije que el que se aflige se afloja, ni modo que enfrentemos un problema y nos dé depresión, nos inmovilicemos y no hagamos nada”.

Empero, no todos los excolaboradores del presidente López Obrador han recibido el mismo trato. René Bejarano —exsecretario de Finanzas de López Obrador cuando fue jefe de Gobierno capitalino y quien pasó ocho meses en prisión tras ser exhibido en 2004 recibiendo fajos de billetes del empresario argentino Carlos Ahumada— no ha sido objeto de ese tipo de actitudes.

Esa lealtad ciega ha sido recompensada, pues el Ejecutivo nunca ha expresado una sola crítica hacia El Profesor y también dirigente del Movimiento Nacional por la Esperanza.

FUENTE: El Universal

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